PSICOTERAPIA FAMILIAR

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La libertad de ver y oír lo que hay, en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era o lo que será.

La libertad de decir lo que siento y pienso, en lugar de decir lo que pienso que debería decir.

La libertad de sentir lo que siento, lugar de sentir lo que creo que debería sentir.

La libertad de pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno.

La libertad de correr mis propios riesgos, en lugar de conformarme con la seguridad.

-Virgina Satir-

Una familia que alcanza esta libertad es una familia sana.

 

Sin embargo, pocas pueden lograrlo, pues como bien decía Erick Fromm, los seres humanos le tememos a la libertad. Y todo lo que nos asusta, buscamos controlarlo. Y al controlar, esclavizamos. Y al sentirnos esclavos, nos revelamos. Generando de esta forma un círculo vicioso que llena a la familia de tristeza, miedo y enojo.

 

Y aunque esto es grave, el verdadero reto es que pocas familias se atreven a reconocer que se encuentran sufriendo. Mi experiencia en el consultorio me dice que no es fácil aceptar que alguien en la casa tiene problemas. Y aunque quizá todos saben que las cosas no van como deberían, nadie se atreve a hacer algo al respecto. O peor aún, todos saben que todos tienen problemas y ninguno hace algo por buscar resolverlos.

 

En ese sentido, comparto la visión de Sánchez y Gutiérrez y pienso que el concepto de enfermedad debe reformularse al momento de aplicarse a la terapia familiar. Siendo más específicos, el comportamiento sintomático (el problema que lleva a la familia a terapia) es sólo la señal de una crisis o un desajuste mayor.

 

Esta crisis, dejando a un lado los diagnósticos fatalistas que se otorgaban en el pasado, debe ser vista como la manifestación visible de una necesidad de crecimiento.

 

Así entonces para mí una familia llega a terapia porque necesita crecer y los problemas que la aquejan son sólo la manifestación de que no sabe cómo o en qué dirección hacerlo. Por lo tanto, el principio fundamental de la Psicoterapia Familiar (sin importar la escuela teórica en la que nos apoyemos) será el de ayudar a romper la inercia que ha llevado a la familia a estar en la desesperanza y frustración que los trajo a consulta. Y sobre todo, ayudar a cada uno de los miembros a encontrar soluciones efectivas que les permitan experimentar nuevas formas de ser y estar en la vida, para así poder continuar creciendo juntos como familia.

 

Recordemos que nadie nos enseña a ser padres. Ni a ser hijos. Ni a ser hermanos… En suma, nadie nos enseña a ser familia. Lo que sabemos, lo sabemos gracias a lo que, para bien o para mal, hicieron nuestras propias familias de origen. Que por cierto, tampoco tuvieron quien les enseñará a ser familia. Y así, de generación en generación vamos trasladando nuestras fallas. Hasta que alguien, en algún punto, decide sanar. Así entonces, la Psicoterapia Familiar al sanar el presente, sana el pasado y también el futuro de la familia.

La respuesta que buscas.

Ayudar a cada uno de los miembros a encontrar soluciones efectivas que les permitan experimentar nuevas formas de ser y estar en la vida, para así poder continuar creciendo juntos como familia.

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